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Caso clínico
Dr. Luis Porfirio Orozco Gómez, A la exploración oftalmológica encontramos:
Estudios complementarios:
La ecografía mostró una masa en forma de domo proveniente de la coroides con ecos de moderada reflectividad en su interior, sin excavación coroidea o vacío orbitario.
DiagnósticoLlegamos al diagnóstico presuntivo de tumor metastásico de origen a determinar. Por tal motivo se envió a valoración por el servicio de oncología, el cual confirmó el diagnóstico de carcinoma ductal infiltrante moderadamente diferenciado en mama derecha con posible metástasis a coroides del O.I. TratamientoSe realizó mastectomía radical, radioterapia y quimioterapia con tamoxifeno, cursando con un postoperatorio largo y tórpido. Evolución8 meses después se encontró:
En el estudio de angiografía con fluoresceína mostró persistencia de la hipofluorescencia inicial por ocultamiento coroideo, múltiples puntos hiperfluorescentes que fugan contraste en tiempos intermedios, acompañada con una demarcada hipofluorescencia producida por reacciones del E.P.R. DiscusiónLa mayoría de las metástasis oculares son carcinomas. El tumor primario no se detecta en el 8% de los casos. Para el carcinoma de mama todas las series coinciden que es el responsable de la gran mayoría de las metástasis intraoculares. La mayoría de los pacientes tienen historia de carcinoma de mama conocido pero en algunos puede ser la primera manifestación de la enfermedad. Se ha calculado que suponen el 77% de metástasis en mujeres y el 1% en hombres. Típicamente aparecen en pacientes de edad media o mayor exceptuando los pacientes con leucemia. La mayoría se dan entre los 40 y los 70 años. La gran mayoría se localizan en la úvea ya que los tumores metastásicos en la retina, vítreo y nervio óptico son considerablemente menos frecuentes. Tienen una clara predilección por el polo posterior y se localizan cerca del área macular. Se detectan focos bilaterales en aproximadamente el 30% sin preferencia por ojo derecho o izquierdo. La exploración oftalmoscópica muestra una lesión placoide, homogénea de aspecto cremoso en la coroides posterior. El desprendimiento exudativo asociado al tumor se detecta en un 75% de las metástasis coroideas. En el diagnóstico diferencial se deben considerar: nevus amelanótico, melanoma amelanótico, hemangioma de coroides, escleritis posterior, osteoma de coroides, enfermedad de Harada, desprendimiento de retina rhegmatógeno, síndrome de efusión uveal, coriorretinopatía serosa central. Aunque la angiografía con fluoresceína tiene un valor limitado en la diferenciación de tumoraciones no pigmentadas es útil para diferenciar los tumores metastásicos de otras condiciones no neoplásicas como procesos inflamatorios, membranas neovasculares subrretinianas y hemorragia organizada y para determinar el tamaño de la lesión y el seguimiento tras el tratamiento. Los ultrasonidos son especialmente útiles. El eco modo A muestra un pico alto inicial, moderada reflectividad interna y un patrón orbitario bastante normal. El modo B muestra un patrón típico de masa coroidea con solidez acústica moderada o alta y sin excavación coroidea o vacío orbitario. Con el ecógrafo puede demostrarse que la localización del fluido varía con la posición de la cabeza. El tratamiento de elección dependerá del grado de actividad del tumor, de los síntomas visuales del paciente, del grado de respuesta a la quimioterapia, de la localización y extensión del tumor primario, de la presencia de metástasis en otras localizaciones, del estado general del paciente y de la supervivencia esperada del mismo. Las posibilidades terapéuticas son: observación, tratamiento sistémico, quimioterapia antitumoral (impide el crecimiento y provoca regresión tumoral) termoterapia transpupilar, la radioterapia externa (en extensas infiltraciones 3000 a 3500 rad por campo temporal), o la enucleación. Si el paciente afectado está asintomático y el tumor ocular aparece controlado con la quimioterapia que el paciente recibe para el tumor primario, no se realizará ningún tratamiento ocular específico pero el paciente debe ser revisado cada 2 a 4 meses para controlar la agudeza visual y la regresión o el recrecimiento del tumor. Bibliografía
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Dra Laura Leticia Arroyo Muñoz
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